A mi manera

La incertidumbre de la tan valorada lactancia se hizo certeza cuando a minutos de nacer me pusieron a Francisco en mi pecho…..el enano se apresuró en salir al mundo pero aparentemente no le urgía comer mucho.

Me fui de la clínica con el chiquitín, un millón de dudas y el diagnóstico contundente de “no logramos el acople”.

Como sí la llegada de un hijo al mundo no fuera revolucionaria y desafiante, le sume mi angustia de no poder dar la teta.

Aparentemente mis lolas falladas sumadas a las pocas ganas de chupar de él, fueron una mala combinación . Pero sí le metía garra y dejaba que se desesperara de hambre, lo íbamos a lograr.

Los días pasaban y a pesar de hacer todos los intentos y créame que los hice, el nenito quería comer y su mamá no le daba lo que él necesitaba …..(como sí mi deseo fuese hacerlo sufrir hambre y desnutrición.)

De alguna manera se tiene que alimentar este bebé, dijo categóricamente el pediatra. Me acuerdo mi taquicardia y nerviosismo cada vez que se acercaba la hora….teta, mamadera, teta…..un desgaste físico y mental, pero había que hacer el intento porque esas gotitas “valían oro”…

Llegué a pedirle muchas veces perdón a mi hijo. Perdón por mi pezón invertido, perdón por que no iba a ser el mejor de la clase, perdón porque se iba a enfermar más, perdón por no darle amor con mi leche, perdón por no conectar tan profundamente.

El desgraciado fantasma de la frustración me perseguía noche y día y me la pasaba con la lágrima en el ojo queriendo salir.

Por suerte me topé con médicos,tanto obstetra como pediatra, que me hicieron recapacitar. Me alivianaron de estas presiones sociales y me abrieron la puerta a un mundo lindo donde habitar…el mundo de “Se hace lo que se puede”.

Entonces ahí afloje mi cuerpo y mi alma y conecte con él cuando le daba la mamadera, capaz no agarraba mi teta, pero agarraba mi mano, y definí que eso seria mi piel con piel.

Al principio sentía un puñal al corazón con la pregunta de si daba o no pecho, porque percibía que en esa pregunta chusma, llovían prejuicios sobre mi voluntad y aptitudes como madre. Con el tiempo dejé de estar a la defensiva y me paseaba orgullosa con mi enano y su memi.

Gordito y sano me decía el doctor. Tranquila que vas por buen camino. Gracias Doc por el cumplido, porque aunque yo se que ud. piensa y sabe que la lactancia es el mejor camino, comprendió mis limitaciones y decisiones y me permitió transitar los primeros meses de la vida de mi hijo con más armonía, felicidad y paz interior.

Con Mateo el cuento fue distinto, porque todos los hijos son distintos, pero yo ya era otra, era una mamá experimentada y más segura, que no iba a dejar que me vapulearán porque no podía dar la teta. La di, me encanto, me hizo bien hasta que a él no tanto. La cortamos y le dimos la misma leche que a su hermano mayor.

Y perdón que lo diga en voz alta pero esta vuelta no me importó.

Perdón que diga que a veces me relaja la mente saber que no soy tan fundamental para él porque sí algún día desaparezco de la faz de la tierra, él agarra bien la mamadera.

Perdón talibanas de la lactancia pero dejen de decir que yo le doy amor de otra manera, porque yo le doy amor a mi manera, la que me salió, la que pude y la que siento. Y sí esto es un concurso de quién ama más a los hijos, yo lo gano porque nadie ama más a mis hijos que yo.

Mi admiración y respeto a cada madre que da la teta, como mi hermana que lo hace tan bien y natural, que corre, que se estresa para llegar a tiempo, que no puede hacer mucho plan porque necesita estar ahí con él, que siente que esta dando lo mejor de sí y literalmente le pone el cuerpo.

Que tal sí le ponemos punto final a tanta historia con la lactancia ?

Que tal sí dejamos de cuestionar tanto lo que hacen los demás?

Que tal sí alivianamos el peso de nuestros hombros, que tal sí nos acompañamos un poco más en este hermoso pero solitario y difícil camino que es ser mamás en este mundo.

Porque la teta importa, pero no es lo único que importa y para mí x encima de la lactancia está la armonía familiar y la salud y tranquilidad mental de la mamá, para lograr esa armonía.

Yo prometo no decir nada de tu teta, vos prometé no decir nada de mi biberón. Demostremos que lo que verdaderamente importa es dar amor.

Autor: Flor the Flower.

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