Cuando sea grande

“Cuando sea grande quiero ser una gran mujer” .

Cuando era chica, dice mi mamá que yo quería ser médica. Jugaba a curar peluches y creo, modestia aparte, que Doctora Juguetes es un plagio a mi infancia. Mi hermana y yo teníamos una clínica y poníamos a mi hermano en el piso y le pasábamos una silla por arriba simulando hacer una radiografía por su supuesta fractura de tobillo.

La cuestión que entre ese juego y lo que después resultó, algo cambió.

Que chicos somos cuando tenemos que elegir lo que queremos ser de grandes. Si me hubiesen avisado antes que así de intensa iba a ser la maternidad y tan importante la presencia, creo que hacia otra cosa. Qué vas a estudiar, te preguntaban cuando recién pisabas tercer año de la escuela. Bancala men, tengo quince. Pero si, así nomas en medio segundo, estabas arriba de un bondi por las tuyas, yendo a averiguar sobre universidades y carreras.

Que poco nos hablaban en la escuela del mundo real. Que poco contacto con lo que iba a pasarnos cuando saliéramos del micro mundo escolar teníamos. Que poca proyección de cómo haríamos para desenvolvernos en todos los ámbitos que nos deparara la vida.

Yo al final, en lugar de ambo, me puse un traje.

Que épocas las de la facultad, me acuerdo de cómo rezaba para ver mi número de registro en esas malditas planillas. Si si, planillas, que antigüedad. Los nervios de los parciales y finales de la facultad no se comparan con otros. A los 23 ya tenía un diploma y varios interrogantes debajo del brazo. Por varios meses no encontré trabajo, me la pasaba en entrevistas. En trajecito obvio, con cara de intelectual. Algunas muy anecdóticas que alguna vez les contaré. Y ya que estoy, aprovecho este espacio para decir, que si alguien de RRHH me está leyendo, espero que hayan abolido la paparruchada de los assessment multitudinarios. Si quería bailar y cantar me anotaba en un concurso de talentos, no en un programa de jóvenes profesionales para trabajar en la fábrica de mayonesas, jabones y desodorantes. Por el amor de todos los Dioses, que ganas de poner en ridículo a la gente. Que observada te sentías. Que frustración que no te llamaran, y yo que me había quemado las pestañas y hasta con honores me había recibido.

Eran años difíciles en la Argentina, pa variar vio. Pero al final conseguí un buen trabajo y de esa misma empresa me despedí cuando colgué los botines y me quedé en casa.

“Que ganas de tirar una carrera por la borda”, me dijo uno de los directores de la compañía. A qué te vas a dedicar, a tener muchos hijos y seguir a tu marido? Un amoroso, igualmente no le tengo rencor. Porque en realidad eso que me dijo era un poco una verdad. Me iba a quedar en casa cuidando a mi manada, pero parece, que para una mujer del siglo XXI eso es una mala palabra. Lo que este señor no sabia es que yo iba a usar lo aprendido, le iba a agregar condimento y me iba a reinventar.

Sería ingrato dejar de decir que siempre me sentí respetada y valorada en mi lugar de trabajo. Tal vez tuve suerte o mejor pensar que todavía queda mucha gente bien intencionada en esta tierra. Pero desde ya que en el mundo corporativo liderado en su mayoría por hombres, siempre corremos con algunas desventajas. Ya llegará el día que el networking pasará de ser un partidito de 11 en cancha grande, a un pasando revistas con té y scons.

“Tenes pensando ser mamá ?” Me preguntaron antes de promocionarme. “Sí, pero más adelante”, conteste tímida, temiendo que por eso me dejaran afuera. Le tendría que haber preguntado si el tenía pensado revisarse la prostata, porque a su edad había que hacerlo. Igual de íntimas las preguntas. Porque no creo que el señor estuviera haciendo una estadística de natalicios por metro cuadrado, simplemente quería saber si se le complicaba la cuestión con una mujer en edad fértil a cargo de un equipo.

Citándome, una vez deslice que el desafío de mi generación residía en descubrir cómo congeniar en una misma persona a la madre y a la médica. Porque nosotras a diferencia de otras generaciones sí pudimos elegir qué estudiar y también cuando y cómo tener a los hijos. Lo que aún no desciframos es cómo hacer las dos cosas sin la maldita culpa de sentir que en algún lado se desajustan las fichas. Por eso insisto cada vez que sale el tema con amigos y familiares, que las mujeres no estamos en igualdad de condiciones en el ámbito laboral. Hay mucha tela por recortar. Aún seguimos con mandatos impuestos por todos lados. Si sos una cosa no sos la otra. Si no elegís ser mamá no sos mujer y si sos madre y honras ese rol y por eso te sentís más empoderada, sos una papa frita. En qué quedamos gentes. Por qué no nos dejamos de joder con tanto deber ser y somos nomás sin tanta cosa.

Y aquí estoy como ves, jugando de nuevo a curar muñecos. Sin título de doctora, pero para ellos, la mejor curadora de dinosaurios. Y entre inyección e inyección, yo les cuento que una vez mamá también fue a la oficina como papá . Porque las nenas también trabajamos, somos científicas, actrices, enfermeras, abogadas, choferes, maquinistas, niñeras, maestras, mamás, arquitectas, presidentas y peluqueras. Y aunque ahora nos peleemos unas con otras porque somos muy feministas o muy machistas, porque mostramos las piernas o nos tapamos el escote, quiero creer que muy en el fondo, jugamos todas para el mismo lado. Y el día que nos miremos con más empatía, entendiendo que no todas pensamos igual, que no todas queremos lo mismo, que no hay un solo estilo de mujer ni una sola voz que nos representa, sabremos que somos mucho más que un género reclamando derechos, sino maravillosas personas capaces de cambiar el mundo que sufre, se deshumaniza y se deteriora cada vez más.

Por eso hoy más que nunca, cuando sea grande quiero ser una gran mujer, por mi, por ellos y por los que me rodean.

Autor: Flor the Flower.

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