El club de las mamás buena onda.

Me copan las mamás buena onda.

La mamá buena onda llega a tu vida para hacer más liviano y más ameno el camino de la maternidad. Te deja ser y te permite hacer catarsis de tu diaria tanto de las cosas maravillosas como de las no tanto, respecto a este rol que amamos ser pero que a veces nos desborda.

Y para mí buena onda tiene que ver con ponerse en el lugar del otro pero con la realidad del otro y no con la de uno, alguien que se ríe de si mismo, alguien que no teme ventilar sus noches oscuras, alguien que no te escatima los buenos datos y que no compite por el premio al hijo más crac del mundo mundial. Alguien que te da un consejo, pero que no se enoja si haces lo contrario. Alguien que no presume su bondad y tiene un pelin de maldad, porque no todo le da lo mismo.

La mamá que te ve tristona porque del sacaleche maldito juntas con suerte 30 ml y ella dio la teta hasta los 2 años, te mira y te dice no está tan copado, es la esclavitud del siglo XXI, sabes que miente o exagera, pero te lo dice para animarte.

La mamá que no te dice “estás matando a tu hijo” cuando te ve darle un yogurt de postre porque te da fiaca pisar la bananita.

La mamá que te presta el protector solar millonario y que se mancha las manos de esa crema pegajosa para ponérsela a tu hijo y a los 14 niñitos que están en la pileta.

La mamá que en un almuerzo con amigas se anima a decir,” en el 80 por ciento de las veces, los quiero matar”. Y que no te mira raro si contas que le gritaste un poco en el supermercado cuando no paraba de llorar porque quería un caramelo, que obvio al final le compraste.

La mamá que te ve linda detrás de esas ojeras y pelo desteñido y que no te dice cuan fácil adelgazó dando la teta. Por el contrario te dice que se cagó de hambre todo el embarazo y que hay mucha genética colaborando.

La mamá que aunque no deja a sus hijos más de 5 hs, no se horroriza porque te fuiste un día al spa y los dejaste con la chica que te ayuda mirando dibus.

La mamá que te visita en tu puerperio a pesar de estar con sus mil temas, pero se hace el tiempo, te ceba unos mates y te cuenta los chismes que te perdiste del cumple de Agus.

La mamá que se escapa del caos de su casa y va a la tuya a jugar con los tuyos. Te ve agotada y te manda a dormir una siestita.

La mamá que te chatea a las 3 de la mañana acerca de la nueva colección de platos de Anthropologie y te hace más liviano el cólico nocturno. Los de ella duermen desde las 8, pero no te lo refriega en la cara.

La mamá que te dice lo que piensa y se banca la respuesta. Sinceridad si, honestidad brutal no. Porque hay mucho de “ahhh que genia” y no es más que una crítica encubierta disfrazada de halago. No suma la adulación. Restan los tiros por elevación. La mamá buena onda se calla cuando quiere y habla cuando debe.

La mamá que te comprende cuando llegas un poco tarde a la reunión, pero la próxima vez te miente la hora para que te organices mejor y no seas la que siempre llega al postre y al final de los cuentos.

La mamá que te incluye en el regalo de Juancito sin preguntarte, porque sabe que andas con los patos volados o la que se acomoda a la mayoria cuando se esta discutiendo si el disfraz tiene que tener moño rojo o naranja.

La maternidad es un camino de transformación absoluto, de mucha vulnerabilidad y de dedicación permanente que a veces abruma, creo que no está de más apoyarnos y ayudarnos a transitarlo más cargadas de buena onda. Y no hablo de no tener opiniones formadas y miradas críticas sobre algunas cosas, sino más bien de sumar siendo auténtica y de respaldar a la madre que a veces no sabe si está en el camino correcto. Encontrar consuelo en el mal de muchos, para mí aplica genial en esta etapa. La palmada en la espalda de tus pares de “estás haciendo un buen trabajo” es necesario en este largo recorrido. Y sentirse acompañada y comprendida tiene un gran plus.

Quiero ser parte de ese club. Quiero esforzarme para pertenecer. Quiero ser esa amiga a la que llaman desesperada porque al nene no lo ataron bien al carro y se le fue al demonio, y solo ella necesita contención y no alguien que le diga pero cómo sucedió eso.

Por suerte me rodean mamás buena onda. Empezando por mi hermana que es algo de otro mundo y debería ser la presidenta del club. Alegría es su lema y empatia su estandarte. Me nutro mucho de aquellas personas que se animan a contar sus experiencias, que se solidarizan con algunas de mis causas y que miran con cierta desconfianza a las abanderadas del buen vivir maternal. Gracias especiales a cada una de ellas. Porque no solo las necesito sino que me hacen la vida más divertida.

El único requisito de incorporación es ser una mamá REAL. Una mamá que se equivoca y lo remienda. Una mamá que busca por sobre todas las cosas querer bien a sus hijos y al mismo tiempo no perderse tanto. Que entiende la maternidad con todos sus bemoles. Que deja un poco de lado el romanticismo maternal cuando se habla del popó porque Vamos chicas que tiene de hermoso eso!!??. Una mamá que vence sus miedos y mira para adelante. Una mamá que no miente, solo que a veces acomoda sus cuentos para dar aliento a otros. Una mamá buena onda que no necesariamente es tu amiga y te conoce, sino que es simplemente gamba.

Ojalá que quien me lee este rodeada de estas genias de la vida.

Autor: Flor the Flower.

PH: Mi hermana y sus hijos un día cualquiera.

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