En pausa

Varias noches antes de decir renuncio, no pegué un ojo. Claro que fue una decisión pensada, pero a pesar de eso, me costaba soltar. A la gente, a lo que había sido mi lugar de pertenencia, a lo que había sido algo más que un simple trabajo. A mi sueldo, a mi independencia económica e intelectual.

A veces pienso que dejé de trabajar mucho antes de pensar en ser mamá, porque me anticipé a tener que elegir. Qué poco audaz, pero creo que si lo pienso… fue un poco así. Proyecté mi participación en la vida de mis hijos y me animé a dejar eso, que por cierto me hacia sentir una mujer bastante realizada, con la ilusión de cumplir tal vez, el rol de mi vida y al mismo tiempo con la esperanza, que una vez acomodadas las fichas, volvería al ruedo, si es que no estaba grande para eso. Nada de sacrificios, sólo elecciones.

Las elecciones son a veces difíciles. Siempre algo se pierde en el camino. A veces pareciera que no se puede elegir, pero muy en el fondo, de alguna u otra manera, se puede. Pero hay que hacerse cargo de la decisión y el costo que esta conlleva.

Y en mi caso yo elegí. Elegí acompañar a mi marido en esta aventura de trabajar y vivir en el exterior, elegí estar en casa presente compartiendo el día a día de mis hijos. Elegí usar jeans y remeras aburridas, a trajes y zapatos de taco alto. Cambie el reconocimiento por el anonimato, de un trabajo que es más silencioso, pero enteramente valioso.

Y no me arrepiento ni un instante, pero déjenme decir que a veces extraño. Extraño ser esa mujer autosuficiente, determinada, segura, que no tiene dudas que hubiese llegado lejos persiguiendo sus ambiciones. Que cuando eligió su profesión no pensó en las horas fuera de casa, no pensó en los actos del jardín, ni en los días de fiebre alta.

Elegí quedarme en casa por ahora. Aposté a la cantidad y no sólo a la calidad, porque creo que suma y veré los frutos con el correr del tiempo.

Intento amigarme con mi realidad. Porque es la que elegí. Y posiblemente me hago más problemas de los que verdaderamente tengo con respecto a todo esto. Y sí a veces mi imaginación vuela un poco, no está mal. Capaz es el escape de una vida sensacional pero a veces monótona y agotadora, y el motor para que pronto vengan cosas nuevas. Reinventar esa mujer que ahora es madre y lo va a ser por siempre, que agradece serlo todos los días de su vida y que genuinamente lo disfruta, pero que ansía, cuando llegue el momento, repartirse un poco más.

Esta fue mi manera. Y espero no ponerme nunca en el lugar de mujer que reprocha lo que dejó y carga culpas sobre sus hijos. Porque estaría juzgando mis propias decisiones.

El desafío de mi generación, creo que reside, en descubrir cómo congeniar en una misma persona a la madre y a la médica. Porque nosotras sí pudimos elegir qué estudiar y también cuando y cómo tener a los hijos. Lo que aún no desciframos es cómo hacer las dos cosas sin la maldita culpa de sentir que en algún lado se desajustan las fichas. Creo que en parte para poder lograr este equilibrio entre roles, el apoyo entre las mujeres, es fundamental. Si somos madres y tenemos hijos chicos, alguien los tiene que cuidar. Porque así ellos lo requieren y necesitan. Elegir quien lo hace, es una decisión tan personal, que para arrancar a empatizar con todas, lo primero que deberíamos hacer, es no juzgar la decisión de nadie.

El concepto de tribu que yo defiendo es este. Ni mamás juntas en una teteada masiva, ni mamás unidas por amor al biberón. Mujeres haciendo lo que pueden y quieren, pero cuidándose las espaldas. Abuelas, tías, nanas, amigas, mujeres apoyando mujeres. La que trabaja porque quiere, la que trabaja porque lo necesita, la que se queda en casa, la madre, la no madre. Mujeres.

No quiero llegar a ninguna conclusión, son solo pensamientos. No planto bandera de la mujer maravilla, mas bien sostengo que ser mujer, es una maravilla. Ojalá no gastemos tanta energía luchando contra la publicidad del lavavajilla que nos manda a la cocina, no es ningún delito y yo por suerte tengo lavaplatos. Sino mas bien, pongámosla en evolucionar en este mundo complejo que nos carga de exigencias; flacas, jóvenes, lindas, abogadas y super mamás. Demasiado para un mismo ser. Mejor empaticemos, comprendamos, defendamos las diferencias y desmantelemos los mandatos sociales.

Yo hoy laboralmente me puse en pausa. Capaz me puse en pausa y cambie de canal. Quién sabe lo que vendrá. Sólo puedo quedarme con lo que es.

Lo que si puedo afirmar, que desde hace poco, me convencí que hoy mi ocupación para llenar en el formulario de migraciones, es ser ama de casa y mamá. Para qué alardear con mis estudios y postgrados, a quién quiero impresionar, si lo que hago hoy no es eso. Más adelante….quién sabe? Pero ahora es esto y no reniego, por el contrario me siento una mujer feliz.

Autor: Flor the Flower

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s