Florencia: A pabellón.

Llegaba de cenar con amigas, esas salidas, que al menos a mi, me llenan de felicidad, niños durmiendo calentitos en casa y mujeres charlando. Seamos sinceros, con niños uno no conversa, no presta atención al cuento, no conecta con el relato, se para y se sienta mil veces, es “mami”. Imposible poder focalizar y no es odio a las criaturitas del cielo, sino que es ser un poco amiga sin dejar de ser mamá. Así que en mi caso es un muy buen plan la copucha adulta sin interrupción.

Precisamente recuerdo que esa noche parte de la conversión tuvo que ver con el parto, la anestesia, los mamíferos y la época de las cavernas o algo así. Mucho no acoté porque era más factible que supiera la marca de la silla de comer canchera, que el nombre de la droga para la inducción.

En fin, me acosté y a las 2 horas rompí bolsa. Faltaban 4 semanas para ese suceso y asumiendo que a mi las cosas me pasan cuando las planeo, allí estábamos mi marido y yo dilucidando si era pis o trabajo de parto.

En febrero Chile se vacía, la gente para no improvisar, se va de vacaciones en ese mismísimo mes, entre ellos mi amado obstetra y su partera.

Mi primer reacción, para el asombro de muchos, fue mantener la calma..a veces no saber a lo que te enfrentas está bueno…..no sabía como respirar, como pujar, básicamente no sabía nada, pero suponía que me iban a guiar. Siempre fui buena alumna.

Había asistido a un par de charlas que dictaban en la clínica y había hablado bastante con mi doctor. Con eso yo daba por concluida mi investigación con respecto al tema. No es de relajada, si hay algo que no soy es eso, simplemente confiaba en que se me darían todas las recomendaciones llegado el momento. Y el momento había llegado.

Llame a la tercer suplente de partera, que no había visto nunca en mi vida, y me dijo “nada que hacer, nos vemos en un rato en la clínica”. Me mandó a bañar, y yo acaté órdenes, me metí en la ducha con las piernas cerraditas, no fuese cosa que se me escapara el chico, ninguna intención de parto acuático ni selfie en pelotas con el bebé en la bañera, me cambie rápido, agarramos el bolsito que de casualidad estaba listo y allí fuimos. Una señal de la cruz sentida cuando pasamos por la puerta de la iglesia y que fuera lo que Dios quiera.

En ese momento me arrepentí de haber comido tanta pizza.

Cuento corto…16 hs saltando en una pelota de pilates, comiendo helado de piña, bancandome tactos con cero de dilatación, y pensando en el stress que deberían estar pasando, en primer lugar, Andrés mirandome cerrar los ojos en cada contracción fuerte (debo decir que no me mataron de dolor) y en segundo lugar, en mi mamá peleando con el dueño de LAN porque su hija iba a parir y no había vuelos de madrugada.

Llegó la noche, se me explicó la situación, y allí fuimos, mi panza mi marido y yo, directo y sin escala, al quirófano, un poco más de anestesia y a la tan añorada cesárea. Vamos gente, quién añora eso, en las pelis las mujeres gritan y yo quería gritar.

Pero asumí que el doctor suplente procuraba lo mejor para mi y para mi hijo. Lo habíamos intentado por casi un día y la situación ya empezaba a ponerse más delicada.

A las 21:35 hs. nació Francisco en la Clínica Alemana de Santiago de Chile. Guauuuuuuu es lo único que puedo decir, pocas veces me quedo sin palabras, no se si es un don o un defecto, pero guauuu.

Dios es inmenso, eso sí que es milagroso.

El mundo seguía girando, los doctores hablaban de fútbol mientras que me cocían las tripas, las enfermeras iban y venían, pero para mi marido y para mi, en ese instante, se detuvo el tiempo.

Jamás me voy a sacar esos minutos de mi memoria. La mano dulce de Andrés que me acariciaba el pelo en señal de orgullo y admiración. El latir agitado de mi corazón cuando apoyaron a ese bebito medio flacuchento sobre mi, el estado de alerta para intentar captar que todo anduviese bien.

Miradas que se chocan en ese momento y para siempre.

Ojos que le dan la bienvenida a personas que respiran por primera vez, pupilas que prometen amor eterno. Que sensación tan profunda.

Lo demás son cicatrices, lo demás es la convivencia de fortaleza y vulnerabilidad en mi. Lo demás es la calma del ego y el regocijo del alma. Lo demás es amor verdadero.

Para el mundo fue un día más de vida, pero para mi fue el comienzo de algo único, yo esa noche de Febrero, no grite, no puje, no llore, no sufrí, no dudé, me transporté a otra dimensión, simplemente toque el cielo con las manos y colaboré con la inmensa obra creadora de Dios.

Esa noche, desde el pabellón, experimenté el milagro de dar a luz. Y desde ese entonces y para siempre, mi vida mágicamente se transformó.

Autor: Flor the flower

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s