Historias de Amistad: Parte 2

Claddagh: Que reinen la amistad y el amor

Los aeropuertos siempre me gustaron, no sólo cuando la que se subía al avión era yo, sino siempre. Ir a buscar a los viajeros, tomarte un cafecito con medialunas millonarias y esperar desde ahí arriba, nerviosa, que llegaran esas personas que tanto habías extrañado y que tan solo no habías visto por 15 días. Creo que los aeropuertos también me gustan porque deben ser en los pocos lugares donde la mayoría de la gente huele bien claramente debido a la gratuidad de la probada de perfumes.

La escena de película de cabecera de aeropuertos, Realmente Amor, retrata a la perfección lo que me hace sentir estar en uno de ellos. Siempre siempre me emocionaron los aeropuertos. Hasta el 6 de septiembre de 2006 cuando con cara de pánico y al mismo tiempo de coraje, ella mi mejor amiga, se subía a ese avión que la llevaría rumbo a su Romeo y que al día de la fecha, no la devolvería a nuestros pagos.

Fuimos amigas del colegio, fuimos compañeras de universidad, fuimos confidentes, fuimos falsas cantantes, fuimos veraneantes aseguradas, fuimos verdaderamente compinches. Y se fue, yo sentí una especie de abandono, una sensación de egoísmo me invadía de vez en cuando porque yo la quería cerca. Porque yo la necesitaba cerca. Ese mismo día que se fue, deje de fumar. Porque para mi fumarse un pucho, era con ella. Flor de neumonía me agarre esa primavera. Se ve que me bajaron las defensas porque así me sentía,indefensa, porque ella era ese tipo de persona que se inmola por vos.

Al año siguiente de su partida fui a visitarla con el deseo y la convicción que iba a contarme que se volvía. Mandinga. Se iba a quedar, se iba a casar e iba a tener retoños en Irlanda.

Yo creo que hay personas especiales en la vida de las personas. Pocas, muy pocas. Ella es una en la mía. Algo así como almas gemelas separadas por un océano.

De verdad supe lo que era extrañar a alguien cuando ella se fue. Para mi, mis días en Buenos Aires no eran los mismos. Y cuando fui yo la que se fue de Argentina, sabiendo lo que eso significaba para las personas a las que de verdad no les daba lo mismo, me fui cargada de mucha culpa, porque yo había estado ahí.

Pero dicen y yo confirmo, que cuando hay un deseo, hay un camino. Y con dedicación y esfuerzo nos armamos una diaria paralela con un grado de cotidianidad impresionante, aún estando lejos.

Cuando la llame para contarle de mi bebé, ella tenía la misma noticia. Cuando me llamó para contarme de su segundo cachorro, yo tenía la misma noticia. Cierta sincronía, magia y alquimia tenemos ella y yo.

Ella es la calma yo la locura (mental). Ella es el criterio yo la indiscreción. Ella es la inteligente yo la estudiosa que se esfuerza. Ella es mi oreja y yo a veces su voz.

El destino quiso que estuviéramos más cerca, así que hoy nos separan tan solo unos euros de libras esterlinas, unos protestantes de unos católicos, un charquito muy pequeño que cruzar.

Con ella sí tengo la certeza que jamás de los jamases,pase lo que pase, voy a estar lejos. La llevo conmigo en un lugar del corazón, esos que se reservan para personas especiales.

También la llevo en mi dedo. Eso que hace años me regaló. Claddagh, símbolo de fraternidad lealtad y amor, palabra que alguno de mis ancestros irlandeses alguna vez quizás pronunció, lo llevo como estandarte de amistad en estos tiempos que corren, donde mantener las cosas es más difícil que alcanzarlas.

Feliz día del amigo ❤️.

Autor: Flor the Flower

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