Historias de Amistad.

EL CUADRO.

“Tengo algo que regalarte para que te lleves a tu nueva ciudad.”

“Apúrate que el camión de mudanza sale en 3 horas.”

Ella, mi amiga artista, enchastrada de pintura, llegó antes que se fuera el camión con un cuadro hecho con sus propias manos.

El cuadro, una mujer sentada en una silla viendo la vida pasar o mejor dicho sentada viendo que linda es la vida mientras uno se detiene a observarla.

El cuadro estaba fresco. El señor de la mudanza se negó a trasladarlo.

Lo puse en una habitación con ventilador por 20 días. Subía todos los días a verlo y nada. Seguía mojado. Me tenía que ir, tenía que devolver la casa y partir, pero aunque un perno inmenso gigante que sumado a los 12 bultos con los que viajábamos, completaba una odisea complicada, yo quería llevármelo conmigo. Porque en ese cuadro había historias compartidas, había colores que yo nunca uso y alegraban mis miedos, porque ahí había amistad.

Lo envolvimos, se pegó un poquito. Al cuadro le sume un paraguas igual de inmenso que me habían regalado otro grupo de amigas para coronar mi partida rumbo a una ciudad donde a veces llueve.

A mitad de camino, y con la respiración medio cortada porque habíamos cerrado para siempre la casita de Santiago de Chile, le pregunto a Andrés donde estaba el cuadro. “Yo no lo subí”, me contesta. El señor del auto, no sabía si dar la vuelta. Mis hijos que están atento a todo, preguntando que nos habíamos olvidado. Y a mi no me quedo más que explotar en llanto. Como una nena que perdió a su osito. Llore, se ve que necesitaba llorar. Me estaba yendo de mi segunda tierra y no se me había caído una lágrima en todo ese tiempo.

Justo en ese instante recibo un mensaje de otra gran amiga a la que no había abrazado para despedirnos porque nos costaba ese adiós.

Le cuento del cuadro y el paraguas. Me manda un audio y me dice vos relájate yo te lo llevo, si llego bien y sino después vemos como te lo hago llegar a Londres.

En la fila del aeropuerto, con 12 bultos, 2 niños y un alma llena de interrogantes respecto de la nueva aventura por venir, esperábamos y dejábamos a la gente pasar. Yo estaba nerviosa.

Nos toca. Ya en el mostrador, me asomo por última vez, y la veo a ella haciéndome luces desde el auto. Detuvo el tránsito no le importaba nada, el micro de atrás le tocaba la bocina y allí nos fundimos en ese abrazo que nos debíamos y nos permitimos llorar. Yo ya con mi tesoro en mano corrí para despacharlo y viajar sin nada pendiente más que ser feliz con lo que me tocaba vivir y agradecida con lo que había vivido todos esos años en esa magnifica ciudad. Ese cuadro y paraguas representaban mucho más que arte lindo para decorar un espacio de mi nueva casa y un accesorio indispensable para el clima que se me avecinaba. Ese bulto estaba repleto de historias de absolutamente todas las personas que Chile me regaló.

Ahora, después de darle vueltas y encontrar el lugar perfecto, cuelga en mi cocina y cada vez que paso cerca de el respiro un poco de amistad, de nostalgia y de anécdotas. Y los días que llueve me calzo las botas y agarro mi paraguas verde que me protege del agua y me remonta a cuentos divertidos que alguna vez viví con ellas.

Nada eso, historias. Cosas que no son solo cosas .

Autor: Flor the Flower.

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