Historias Reales: El lugar sagrado

Tengo una buena y una mala noticia. Cuál te digo primero? Osó deslizar María Paula cuando su marido cruzó la puerta de entrada a su casa. Que dilema me genera esa pregunta. No sé qué es peor, si arruinar la buena con la mala o a la mala hacerla menos mala con la buena. En fin no es el punto. “La buena, es que estoy embarazada y la mala es que recibí un informe de la clínica que mi Papanicolau (PAP) dió alterado. Cómo es la vida de relativa. Lo que podía ser un día glorioso, se empañó con una noticia que te deja un tanto a la deriva e indefenso.

Fueron al médico a entender la gravedad del asunto. La cosa no era tan simple. En ese útero había vida y en el mismo lugar un intruso visitante al que no querían dejar crecer, comúnmente llamado cáncer. La preocupación del diagnóstico era mayor que la felicidad de lo que estaba en camino. No había lugar a la ilusión. Había un niño de 1 año y meses que había que cuidar y su mamá tenía que priorizarse. O al menos eso parecía.

El 16 de septiembre le hicieron una intervención. Iban a extraer parte del cuello del útero para analizar. Si resultaba invasivo, había que sacar el útero con embarazo incluido, si no lo era, se podía seguir adelante así como estaba. María Paula empezó a temblar esperando el resultado, tenía miedo. Pero no era la única que se sacudía. Para ponerle condimento al cuento, esa noche Santiago de Chile tembló fuerte. Un sismo de más de 8 puntos en la escala de Richter nos había hecho bailar. Algunos recordamos ese día x eso, ellos lo recuerdan por otro motivo.

La operación y el análisis habían salido bien y a la noticia de un próspero posible desarrollo normal del embarazo, previamente, se le había sumado, ni más ni menos, que no era un solo bebé, sino dos.

La situación estaba clara. Una vez atravesado el embarazo, de riesgo por ser gemelar y con un cuello de útero más corto por la cirugía, se volverían a hacer controles para entender que había pasado con el cáncer cervico uterino.

Se asomaba diciembre. Y el ánimo de viajar a Buenos Aires para compartir las fiestas en familia, hacia que todo se viera genial y casi olvidaran los comienzos de esta historia. Hasta que no tanto.

Por una ecografía de rutina propia del embarazo, algo daba anuncio a que la cosa no estaba del todo bien con los enanos. Después de unos estudios minusiosos, se les diagnosticó síndrome de transfusión feto-fetal. Una patología que consiste en un desbalance del flujo sanguíneo que va de un gemelo al otro a través de vasos sanguíneos por la placenta, con una mortalidad del 80 por ciento. Dios quiso que se hiciera la ecografía y que cayera en las mejores manos que se podía caer acá en Chile, un especialista en cirugía láser fetoscopica que iba a poner las manos en tan sagrado lugar. Les pusieron nombre a cada uno para saber y estar seguros de quién era quién. El riesgo era altísimo. Desde desencadenar el parto y con 18 semanas de vida un inminente final; alguno de los dos no resistir; hasta una complicación severa en el post operatorio, ya que los bebés tenían que hacer su parte para poder adaptarse a lo que habían corregido en la cirugía. Y así lo hicieron, contra todas las estadísticas.

Pasaron los meses y ya se hablaba de la cesárea. Que difícil atravesar esos meses. Cuanta angustia y cuanto amor en cada latido de esos corazones.

Estos genios de la vida querían llegar al mundo cuando a ellos se le cantara, nada de fechas programadas y esos cuentos. Y así fue que el 20 de marzo de 2016, Salvador y Belisario, llegaron al mundo por parto natural en la clínica Alemana de Santiago de Chile. Los que vivimos de cerca ese embarazo respiramos aliviados, no me puedo imaginar ellos y todo su entorno familiar. Que emoción más grande para esa familia ese día. Los chiquitos un tanto prematuros, habían nacido sanitos y fuertes. No eran bebés esos dos, eran campeones.

De ahí que María Paula iba y venía llevando su leche de aquí para allá, alternando sus días entre Neo y su otro hijo, que se comportó como un verdadero hermano mayor, pero que también necesitaba a su mamá. Ahí si que no había tiempo para debatir acerca de la leche de fórmula o la teta, el apego inmediato y el porteo, el piel con piel, los kilos de más, y el cartelito en la puerta de la clínica. Todo se reduce a insignificante, cuando la salud del recién nacido está en juego. Tan sólo querían que salieran adelante.

Una vez dados de alta, la familia, perro incluido, ya estaba completa y feliz en su casa. Felices, pero no tranquilos.

La historia de María Paula continuaba. Sus estudios post parto del cáncer no estaban del todo bien. Había que volver a operar. Había que tomar una decisión. Apoyada por su marido resolvieron conjuntamente con su oncólogo, realizar una histerectomía, que en lenguaje vulgar,sería extirpar el útero.

“Esta cirugía es el mayor acto de amor que podes hacer por tus hijos”, recuerda que le dijo una gran amiga. Nuevamente, bolsito en mano, luego de un inmenso abrazo a sus chiquitos y marido con toda la carga que ese abrazo conllevaba, se presentaba para poner punto final a la enfermedad. Con temor, pero sabiendo que no había otra opción y que ella por sobretodo, quería disfrutar de su vida y no arriesgar nada más.

“La operación salió bien”, le dijo su médico, mientras le acariciaba su cabeza con cariño. Ella estaba despierta, un tanto boleada. “Quiero verlo” atinó a decir entre bostezos. A quién? Le pregunto el doctor. “A mi útero”. La sala de operación se enmudeció. Ella lo miró sin asco y en señal de gratitud le dijo: “gracias por los tres maravillosos hijos que me diste, gracias por aguantar”.

Y así, a sus 33 años soltó algo más que un órgano de su cuerpo. Dejó ir la guarida de vida que llevamos las mujeres, la esencia femenina que mágicamente alberga la mismísima y milagrosa creación. Ese sagrado lugar, que le había regalado lo más preciado de su existencia.

Resiliencia. Yo lo llamo valentía, coraje. No pasó una cosa, pasaron muchas. Sin embargo, se levantó. No quedaron ilesos, pero si fortalecidos. A veces la vida nos sorprende y para eso nadie se prepara. Sólo aquellos de espíritu grande se recomponen, lo reciben con agallas, aprenden y avanzan sin mirar atrás.

Cuídate. Si me estás leyendo y no te acordas cuando te hiciste el chequeo, andá y hacelo. Ser prudente, es quererse. El PAP salva vidas. Tanto es lo que a veces nos preocupamos de la apariencia, que nos olvidamos de lo que va dentro del frasco. Si tenes recursos úsalos, si la tenés más difícil, encontrá la forma de controlarte anualmente.

El cáncer cervico uterino es una enfermedad, a veces silenciosa, que detectada en forma temprana, puede ser tratada satisfactoriamente.

Autor: Flor the Flower

Crédito de la foto: Victoria Odell Portraits.

Infinitas gracias a Catu Rometti y familia por dejarme contar su historia con el único propósito de invitarnos a las mujeres, a cuidarnos. Los quiero mucho.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s