Mi amiga Brígida de las Nieves.

Miércoles 22 de octubre de 2015. Andrés estaba de viaje y yo reunida en casa, con unas amigas, copuchando como dicen acá en Chile.

Panchi dormía hasta que algo lo despertó fuerte, lloraba sin consuelo, supuse que era una pesadilla, aún me sigo asustando cuando lloran así, lo calmé, le di una memi y se volvió a dormir.

El jueves por la mañana recibí un llamado, hacia días que no la veíamos porque ya estaba cansada y estaba, yo sin saberlo, perdiendo la batalla. Nunca me imagine que aquella vez en la parada de su micro, sería la última vez que la fuéramos a ver. De haber sabido, y de no haber sido por las luces y bocinazos que me hacia el auto de atrás, le hubiese dado un abrazo. Pero no, el mundo vive a las corridas, yo transito acelerada y el señor de atrás estaba apurado.

Era la primera vez que perdía una amiga, era la primera vez que me enfrentaba a la realidad de tener que decirle a un hijo que alguien que queríamos había partido al cielo.

Y lo abrace y llore y lloramos. Que increíble, con tan sólo 20 meses de vida, mi hijo entendió a la perfección lo que estaba pasando.

Que capacidad tan única tienen los chicos de comprender con inocencia y al mismo tiempo con sabiduría, las penas del corazón.

Cuando uno vive lejos, extraña, vive el día a día, sigue adelante, conoce cosas y gente, se convence que es lo mejor, pero extraña, a sus personas, los olores familiares, el barrio, los rituales de cada casa y necesita inevitablemente generar vínculos, que se convierten en red de apoyo. Como algunas amigas del camino, Ella era parte de mi red, sin desearlo ni pensarlo. Pero con sus formas y con las mías, construimos un diálogo maravilloso tarde tras tarde y encontramos un lenguaje común para empatizar.

En el mundo del amor, de la pena, de la alegría y la tristeza, no hay diferencias de edad, ni de género ni de nada. Y con ella yo era yo. Y conmigo ella era ella.

Sus relatos, sus anécdotas, su historia, eran para mi, la novela del día.

Fue corto pero intenso, haber tenido la oportunidad de estar acompañada por su presencia, dándome aliento en el momento más desafiante de mi vida, como fue convertirme en mamá y con mi mamá lejos, fue una verdadera bendición, porque no me canso de reafirmar, que cuando uno se convierte en madre necesita esa palmada en la espalda, esos ojos que cuidan de tu pichón mientras vos te das un baño. Ella era mi guardián.

En el día de tu aniversario en casa te recordamos.

Te honramos a vos y a todos esos hombres y mujeres de bien, que se ponen al servicio de los demás, que nos cuidan a nosotros, a nuestros hijos y a nuestras cosas.

Te tenemos muy presente, porque fuiste de esas personas que pasan dejando huella, y además de nuestra amistad, nos regalaste la valiosa enseñanza de una mirada simple y maravillosa de vivir. Por un mundo lleno de personas como vos, amables, leales y nobles. Que en paz descanses querida amiga!

Autor: Flor the Flower.

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