Ni idea, lo leí por ahí.

Hace un par de años atrás, cuando quede embarazada de mi primer bebé, comencé a leer acerca de la maternidad. Quise interiorizarme un poco con lo que estaba próximo a sucederme, pero sin casarme con ninguna práctica ni fanatizarme con ningún autor. Hasta el momento la única religión que profeso es la Católica Apostólica Romana. Leí algún libro recomendado por esa amiga dedicada que no subestima el rol y se prepara para recibirlo, algún portal piola, algún artículo. Las redes existían claro está, pero no estaba tan en auge el tópico.

Cuando quede embarazada del segundo, pucha que mi Instagram era una catarata del buen saber acerca de la maternidad, la lactancia, el parto, la comida con la mano, el colecho, los pies descalzos, la dieta post parto, el yoga prenatal, las vacunas, las alergias, el antiduermete niño y un sin fin de pequeños temas, que sumados en una misma persona, son lo que yo llamo “el cliché de la maternidad millennial”, una sobrecarga pesada de acarrear por la generación de mamás a la cual pertenezco, porque a veces, no digo siempre, nos fuerza a comportarnos de una manera que es más para el afuera que para el adentro y que se aleja un poco de nuestra verdadera esencia. Nos invita a ir ganado “likes” de cada paso que damos en torno a este rol y aún peor, nos fuerza a ir justificando cada decisión que tomamos como madres, al punto de terminar explicándole al amoroso del verdulero, porque no logramos el acople con la teta.

De ninguna manera le echaría la culpa a las redes sociales de mis inseguridades y miserias. Pero claramente en el mundo en el que vivimos, constamente debemos peinarnos para la foto y eso cansa.

Muchas veces pienso que debería dejar de leer tanto material cibernético. Pero estaría dejando de hacer algo que me entretiene y que hasta a veces me nutre. No soy una persona que satániza a las redes. Para nada. De hecho me vínculo con quien me lee atraves de ellas y en más de una oportunidad, me he sentido hasta acompañada con algunos relatos. Solo digo que a veces me marean. Pienso que a veces presentan el mundo de ser padres con tanta expectativa, que después choca con la realidad de la desafiante, apasionante y agotadora tarea, que es paternar. Y abren una ventana donde parecería, que todos tenemos el derecho a opinar acerca de los otros y de su estilo de padres.

Es desinteresado ese relato que leí por ahí, es genuino? Suma o resta? Será tan así? Y no me refiero a descreer de los cuentos porque están auspiciados por una marca de pañal, sino a pensar si tienen que ver con uno y si transmiten mensajes alentadores, positivos y por sobretodo, reales.

Encuentro mucha empatía en algunos espacios donde entiendo que más allá de la crema que me invitaron a comprar, hay sinceridad y buena intención en el cuento, hay compromiso y una apertura al debate respetuoso. Y en algunos casos, mucho profesionalismo.

La idealización y el aspiracional permanente de las redes, sumado al interés generalizado de saber todo de la vida de todos, puede llegar a hacernos un poco de daño, si nos encuentra un poco tululos. Y vamos seamos honestos, los primeros años de la vida de los hijos, nos dejan medio así.

Comprar, tener, que no te falte, a veces es demasiado, especialmente para padres primerizos que creen que por comprar la jirafa de hule, al nene no le van a doler los dientes. Conste que la tengo y la amo más yo que ellos. Pero no es tan esencial, como si lo es, la paciencia para soportar la molestia del chiquito que no duerme porque está cortando dientes.

Después de mi corta experiencia como madre, aunque sienta que paso una vida ya, me di cuenta que lo más importante para tener son muchas cosas que no tienen marca ni publicidad.

Que fácil nos perdemos en este mar de ideales, creo que en la noticia fatalista nos asustamos y que en la imagen de mujer superpoderosa, nos apabullamos.

La proclamación a los 4 vientos de “informateeeee” al estilo Corazón Valiente gritando libertad, me deja mas interrogantes que verdades. Porque para informar hay que saber. Una cosa es hablar de un sacaleches y otra muy distinta es de la lactancia. Una cosa es dar típs de belleza y otra muy distinta es fomentar el culto al cuerpo. Una cosa es contar una experiencia y otra muy distinta es desinformar con imprudencia. Son consientes aquellos personajes de la responsabilidad que acarrean cuando hablan de algunos temas que otras personas estudiaron años? Son tan así sus historias? Consideran que las realidades de todos no son las mismas y que a veces, no siempre, hay mensajes poco claros que nos cargan de deberes ser, que al final del día, no nos hacen bien.?

No lo sé. No soy quién para determinarlo. Son sólo ideas que a veces me visitan cuando tengo ganas de desconectarme de la invasión cibernauta.

Me gusta leer acerca de crianza, acerca de mujeres que cuentan sus debilidades y miserias y también comparten sus alegrías y logros, me gusta buscar oportunidades de mejora porque se que en algunas estoy fallando y puedo revertirlo con dedicación. Ir tras la inquietud de nuevos pensamientos pero sin dejar de ser yo misma. Con mi mirada sobre las cosas. Que el foco este puesto en mis hijos. Sí, en los que me tocaron a mi. Que sepa diferenciar opiniones y que considere aquellas según quien las dice.

Por suerte el paso del tiempo me ha ido dando mayor seguridad. Cada día estoy más convencida que lo que hago es un montón. Y si bien mi realidad de hoy dista de la que me imagine sería cuando no tenía hijos, la transito con ganas de aprender y recalcular sobre el andar en post de criar a mis hijos en un entorno de armonía, respeto y paz.

Por eso a quien me lee y se siente un poco exigido por el contexto, que su día a día no es digno de una tapa de revista, que no todos los sentimientos respecto a ser madre son color de rosa, inclusive han disparado y los han puesto frente a una imagen que a veces no es la que quieren. Charlen, busquen orejas que contienen. Hagan tribu, fortalézcanse en la unión de pares afectuosos. Sepan que desde aquí las entiendo cuando una amiga les cuestiona por qué no pudieron dejar al nene e ir a tomar un café. Sepan que transité esos días medios raros cuando el reflejo del espejo no era el que yo buscaba. Sepan que somos varias mujeres a las que no todo nos sale tan lindo y aún así, ser mamás es lo más maravilloso que nos pudo haber pasado. Sepan que sufro en silencio el dilema existencial entre ser mamá y al mismo tiempo el deseo de ser muchas otras cosas más sin perderme tanto.

Por una comunidad de mujeres auténticas. Y no me refiero a mamás gorditas y con ojeras exclusivamente. Me refiero a todas las mujeres tal cual somos, que suman y no restan. Que apoyan, que escuchan, que empatizan. Que arengan buena onda y boicotean el maltrato en todas sus formas. Que no hacen una tesis cada vez que te ven respecto a lo buena madre que son por no ponerle dibus al chico.

No nos perdamos en estereotipos difíciles de alcanzar. Ya bastante tenemos con la vida misma.

Autor: Flor the Flower

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