Recalculando

El auto. Siempre le tuve cariño a la idea del café en mano, radio con temas noventosos y fumarme un tráfico de locos en la Avenida General Paz, volviendo de un día pesado de laburo. Por ese entonces nadie me esperaba en casa razón por la cual, a veces, el embotellamiento era algo bueno para liberar endorfinas, al grito de Total eclipse of the heart.

Dejé a los chicos en casa. El auto es ahora mi oficina, mi call center, mi centro de computo, mi clase de canto y mi Starbucks que más disfruto. Pongo el GPS para dirigirme a un lugar que en realidad yo ya se llegar, pero por las dudas. La gallega simpática me invita a salir en el exit 18b pero yo sé que si salgo en el 19, va a ver menos taco. Por 2 km me banco a esta mujer decir recalculando y no sé cómo mierda ponerla muda. Ese recalculando, es mi vida actual. Así resuena en mi cabeza. Hago planes, pongo direcciones para tener seguridad y me la paso saliendo antes o después de la salida indicada.

Los hijos, entre muchas otras cosas llegan a tu vida para eso. Para darte a conocer que la misma, no es un dos más dos. Que en el minuto que pensabas hacer un plan lo cancelas porque el menor vomitó. Que las vacaciones en la playa te la pasas abajo de la sombrilla, porque resulta que el sol le da alergia.

En la cotidianidad, vivís volviendo a empezar, vivís acomodando y con cintura, aprendes a moverte en esta realidad de planes postergados. Y como positivo, esto tiene mucho, porque te fuerza a vivir y disfrutar el presente.

Creo que al final del día, el mensaje está más que bueno. Para personas estructuradas como yo, conocer en carne propia el vivir al día sin tanto plan, es fantástico. Tal es así que no me pregunten que hago este sábado, porque mi respuesta será ni idea.

De repente las cosas que uno había imaginado antes de ser padres distan mucho de lo que la realidad te presenta. Porque lo que toca, toca, la suerte es loca y con amor acomodas tus días a lo que estos chiquitos y el destino, sin ánimos ni intenciones premeditadas, te invitan a vivir.

Planes. Ya no sé que eran esos. O mejor dicho si. Son lindos los proyectos, pero siempre sabiendo que pueden desviarse. La actitud que uno le ponga a ese recalcular, es lo que cuenta. Y si el de arriba tenía otra idea, pues por algo pasan las cosas.

Creo que hay una relación entre mi baja de expectativa y los planes. Me muevo mejor en el “no esperar grandes cosas”, que en el esperar el mejor programa de tu vida y que después resulte un tremendo fiasco.

Así que así estamos por acá, acomodándonos a las circunstancias con el entusiasmo de que todo lo que viene, es lo mejor para nosotros. Y una vez en marcha el camión, se acomodarán los melones……

Autor: Flor the Flower

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