Su refugio.

Llueve en Santiago. Ese ruido a lluvia que tanto extraño. Que lindo que es ver llover cuando tenes donde repararte después de mojarte un poco. Me acordé de algo. Asistía a un curso de crianza. De vez en cuando escuchar teoría para poner en práctica, pienso que está bueno. Sin marearse con tanta información y sin querer ser algo que de genuino tiene poco, pero incorporando conceptos para reflexionar y para abordar algunos temas que a veces nos superan.

Nos hicieron cerrar los ojos y nos preguntaron qué queríamos ser para nuestros hijos? Automáticamente se me representó una choza. Como esas de las montañas, simple y de madera rústica. Eso quiero ser, su refugio, contesté convencida.

La experiencia de ser madre me conectó mucho con mi niñez, con la historia, con aquellas cosas que sin duda quiero repetir y también, pocas si, con las que me gustaría ser un tanto diferente.

Sentir en carne propia esa hermosa sensación de llegar a casa, es algo que siempre me reconfortó y es algo que yo tuve y quiero que ellos tengan.

Como si alguien nos persiguiera, no sé, el ritmo, la sociedad, el caos. Como una película de terror donde la protagonista cierra estrepitosamente la puerta y respira aliviada. El olor a casa que da anuncio a que estamos a salvo. Ese lugar que contiene, que no juzga, ese lugar que calma.

Quiero ser esa persona a la que se le pueda contar las cosas, lo que ellos tengan ganas de contar. Que sea la primera persona a la que llamen si están en problemas y a la que busquen cuando quieran celebrar algo. Que sea la palmada en la espalda que da aliento. Eso quiero ser.

Pero para eso hay que trabajar. No se logra de la noche a la mañana. Hay que construir los vínculos y no darlos por sentado, sin quedarse únicamente en el romanticismo de la maternidad. Hay que intentar ser cariñoso y paciente aunque cueste. Hay que generar confianza, hay que poner límites, hay que dejar a un lado los egos, hay que mostrarse tal cual es uno, para también darse a conocer.

Y en eso estoy trabajando. Al final del día eso para mí será mi mayor logro y mi mejor éxito. Ser hogar. Ser familia. Ser techo.

Qué tanta vuelta con estudios y currículum. Yo quiero dejarles eso. Que ellos sepan que acá estoy siempre. Creo que es la herramienta más eficaz para el alma y que da buenos frutos.

En el colegio leíamos la parábola del hijo pródigo, me acuerdo que me daba un poco de bronquita, me parecía un tanto injusta. Hoy la leo y como con tantas otras cosas vuelvo a cambiar de opinión, hoy la entiendo, la siento y la comparto.

Que el mundo los mire como quiera, que ellos se muestren al mundo como se quieran mostrar. Pero yo los voy a ver siempre con ojos de amor. Eso voy a ser…..su refugio.

Hoy capaz soy ese cuerpo que los sostiene, los calienta y los protege de sus miedos y pesadillas. Los aleja del peligro y los abraza ante las penas y la alegría. Mañana ese mismo cuerpo más cansado aún, el que los ve crecer, los suelta y siempre siempre, celebra su vuelta.

Autor: Flor the Flower

Crédito de la foto: Victoria Odell Portraits.

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