Una novela cualquiera 10

Gᗩᔕᑭᗩᖇ

Nacho siempre había estado ahí para él. Siempre, con excepción del día que Gaspar decidió dejar a Soledad e irse a Brasil. No estaba a favor de ese final, o mejor dicho no estaba de acuerdo con las formas. No le habló por un par de semanas, no podía creer lo que había hecho. También es real que su mejor amigo se iba a vivir a otro lado, lejos del fútbol de los martes y del asado post Monumental y eso era algo que le dolía.

– Negro, estás bien – le preguntó Nacho mientras golpeaba la puerta del baño donde se escondía Gaspar.

– Sí, si ya salgo.

– ¿Necesitas algo?

– No.

De afuera del baño se podía percibir que Gaspar no sólo estaba vomitando sino que además estaba llorando.

– Dale boludo salí.

Con un aspecto fantasmal, él, su palidez, sus ojos tristes y su metro noventa se asomaron. Gaspar estaba roto.

– ¿ Soledad ? O te cayó mal el Fernet. Dale vamos, que afuera está tu chica que por cierto me pa que se quiere casar porque se vistió de blanco– lo burló Nacho.

– Uh vos también con el color de vestido de Julia. Ni idea, ni la miré, no sé para que la traje. Soy un pelotudo.

– ¿ Hablaste con Soledad ?

– Ni me digas, creo que me la mandé. No sé no lo puedo evitar, me mira y me fulmina, me habla y me atraviesa, la huelo y la recuerdo. ¿Qué hice ? La perdí de verdad, me di cuenta de eso hoy.

– Bueno no es el mejor día para hablar de esto. Vamos que te tomas un taxi en la esquina y te vas a dormir. Mañana antes de subirme al avión te llamo – le dijo Nacho abrazándolo por los hombros.

– Mañana no me vas a encontrar, la voy a ir a buscar a la casa y le voy a tirar la puerta abajo si no me abre. Necesito hablar con ella, una vez más. Ella piensa que me fui por el bebé que no fue. Soy cagón pero no hijo de puta. No puede pensar eso. Simplemente no puede. Yo a ese bebé lo esperaba con locura. Yo a ese bebé lo soñé con la camiseta. Se nos fue a los dos. Ella podría haber venido conmigo.

Casi sin poder hablar y sobrepasado de emoción corrió de nuevo al baño a vomitar por cuarta vez.

Afuera y ya casi con la fiesta concluida, lo esperaba Julia sentada, con el abrigo puesto, los zapatos en la mano y un gorro de cotillón de vaquera. #unanovelacualquiera

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