Una novela cualquiera 12

★ᴄᴀʀᴍᴇɴ★.

Era la primera vez que Carmen iba a la casa de Nacho. Bueno en realidad la primera vez no, pero sí la primera con familia adentro. Los asados a los que fue había sido en la casa familiar en las afueras de Buenos Aires justamente cuando todo el clan estaba de viaje.

Esta vuelta era con Inesita y todo el protocolo incluido. La familia de Nacho vivía en un maravilloso piso con vistas a la cuidad en un barrio muy acomodado de la Capital Federal.

A cualquier ser humano más o menos seguro, la cuestión no le hubiese quitado tanto el sueño. Pero la China era la China. Ella se jugaba su futuro ahí. Porque se rumoreaba que si Inesita te bajaba el pulgar eras comida para los perros. Ella sabía que esa señora no era fácil de conquistar, mucho menos si eras Carmen sin apellido.

Recorrió todo el placard para encontrar la vestimenta adecuada para la ocasión. “Es una cena en una casa Carmen, relájate un poco”. Si había algo que a la China la ponía nerviosa es que le pidieran que se calme. Hay personas que el estado Buda los altera. Si no están un poco atacados no se sienten vivos. Carmen era una de ellas.

Manos hechas, pelo bien lavado y ropa linda que parereciera cara. Pobre, el verbo parecer en Carmen era moneda corriente.

Después de pensarlo mucho se decidió por unos jeans, una linda camisa blanca, unos mocasines abotinados muy simpáticos, un blazer, un pañuelo y un poco de perfume. No mucho, la cantidad necesaria para no empalagar a la suegra cuando le diera un beso. El perfume dice mucho de las personas.

Carmen tenía buen gusto, eso no había duda, lástima que con buen gusto no haces nada con Inés Pereda Guirao. Tampoco que la señora se vistiera súper, pero Chica de la alta sociedad con mal gusto le ganaba a Chica mona sin apellido.

A las ocho y media Nacho la pasaba a buscar. Ella estaba lista desde las siete. Había salido antes del trabajo para alistarse. Había comprado una torta de postre. No sabía si la gente bien comía hidratos porque no entendes cómo pero son todos flacos.

A él se lo notaba como ansioso, nervioso. En el auto hacía chistes poco graciosos. En el fondo él sabía que la cosa no iba a ser fácil.

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