Una novela cualquiera 13

★Ellos★

Se despertó no entendiendo dónde estaba. Sobre el sillón, restos de cotillón del casamiento. Sentada en la cama con los pies apoyados en el piso, se agarró la cabeza y respiró profundo. Se podía ver su hombro derecho destapado ya que la remera azul que llevaba puesta le quedaba grande.

Tomó el celular de la mesa de luz. Lunes siete y cuarenta de la mañana, aunque honestamente el tiempo no tenía relevancia ese día. Su mamá había llamado veintidós veces, por otro lado Leticia se había hecho presente con un mensaje de texto que decía “Decime que estás bien, es lo único que quiero saber. Te quiero mañana hablamos, tengo algo para contarte”. También había noticias de la China, que le compartió una foto subiéndose al avión rumbo al Sudeste Asiático por su tan deseada luna de miel.

Una mano se apoderó de su espalda, interrumpiendo la revisada de mensajes. Escalofríos, palpitaciones, sudor. Cerró sus ojos y se dejó llevar por esa sensación particular, mezcla de felicidad con agonía de sólo imaginar qué harían después de eso. Recordó lo que una bruja le había dicho aquella vez cuando, ante la desesperación, acudió a que alguien, ya que ella no era capaz de hacerlo, le dijera qué sería de su destino. “El destino tiene algo de camino recorrido Soledad”, solía decirle su papá. Pero ella fiel a su necesidad de comprender por qué todo había terminado así, seguía creyendo aquello que alguna vez le habían dicho un par de cartas. “Tendrás al hombre que soñaste que volverá para buscarte”. Pero él no había vuelto. Él se volvía a marchar y ella, si quería a ese hombre, debía dejar todo y seguirlo.

– Yo no sé qué pasó acá pero no te recordaba así – susurró una voz masculina con tono jocoso.

– Es un halago o es una indirecta para que te cuente que alguien me enseñó a hacer cosas que vos no – tajante le contestó mientras que se ponía la parte de abajo del pijama.

– No te enojes era un chiste.

– Qué gracioso. Para tu información no me acosté con nadie.

Sin dejarla terminar de hablar la besó con ánimos de cortar ahí la conversación y cambiar de tema. Lástima que no se podían hacer los tontos. No eran dos perfectos desconocidos, eran ellos siendo ellos una vez más.

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